Halloween: La fiesta del miedo

Estamos de celebración de una fiesta  cada vez más común y arraigada. Los colegios la fomentan y disfrutan,  y los disfraces y las golosinas en este día ya no sorprenden a nadie en estas fechas. Comercialmente nos hemos adaptado a la perfección y además el festivo de Todos los Santos facilita que las fiestas se hagan en su víspera. Sin entrar en consideración de cuáles son las raíces culturales y sociales de esta tradición no propia, pero asimilada con mayor o menor cargo de conciencia, sí que planteamos desde este blog una reflexión acorde con este momento.

El miedo es adaptativo, repetimos a los pacientes y en algunas ocasiones a nosotras mismas. Es sano asustarse y anticipar determinados peligros, para poder evitarlos o reaccionar a tiempo. La ansiedad, como expresión emocional del miedo, es inevitable y sana en muchas ocasiones. Pero sin embargo hay muchos momentos en los que nos hace sentirnos desbordados o nos hace perder pie de nuestra rutina. La ansiedad que nos sobrepasa  deja de ser una herramienta para convertirse en una carga, y es en ese momento en el que la ayuda profesional es posible que sea necesaria.

Sin embargo en Halloween festejamos el miedo. Nos gusta jugar con el miedo, reírnos de nuestros temores, asustarnos a propósito,  incluso plantear abiertamente la idea de la muerte ( foco de ansiedad existencial por antonomasia). Disfrutamos de esa sensación morbosa de observar nuestra propia emoción, como quien ante una película de terror cubre la cara con las manos, pero mira entre los dedos la siguiente escena. Igual sucede con los cuentos clásicos, que edulcoramos al contárselos a las nuevas generaciones, sin darnos cuenta que nos demandan justo esa parte que censuramos por “demasiado dura”,  esa parte, que les asusta al mismo tiempo que les atrae irremediablemente, y que no hay cuento clásico que no contenga. ¿Por qué han sobrevivido justo esas historias “infantiles” de muerte, maltrato, asesinatos, pérdidas, abandonos…? ( Véase los Tres Cerditos, Caperucita Roja, Blancanieves, Hánsel y Gretel,…) A lo mejor necesitamos de ellas de alguna manera, a lo mejor necesitamos de Halloween y de nuestro miedo…

¿Cómo somos cada uno de nosotros frente a su propio miedo? ¿Cómo somos ante el malestar? ¿Nos complacemos secretamente ante nuestro sufrimiento sin salir de nuestra zona de confort, festejándolo como en Halloween festejamos el miedo? ¿Será ahora el momento de apartar las manos de la cara y ver en su plenitud la imagen de lo que nos sucede y cambiar lo que queramos cambiar?